ADIÓS CARLOS, COMPAÑERO DEL ALMA. COMPAÑERO.
Dice Miguel Hernández en su “ElegÃa a Ramón Sijé”:
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‘No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada’.
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Ni a la nada. Ni a la tierra. Ni al paso del tiempo, ni a la vida, ni aún cuando ésta es larga y plena.
Quiero dedicar estos instantes de pensamientos, estas andanzas que ya solo son recuerdos, a Carlos Calatayud. Hoy, digo adiós a una persona que quiero y aprecio. Por su trabajo, por su dedicación, por su ingenio.
Por sus hijos. A mis amigos: Emilio y Javier. Por sus proezas, las suyas y las de su padre. Tan sereno, tan caballero, tan señor.
Gran hombre, gran polÃtico, gran demócrata. Senador en la Legislatura Constituyente, en la I Legislatura. Desde el inicio de la democracia hasta 1982. Concejal en el Ayuntamiento de Ciudad Real. Diputado Provincial. Decano del Colegio de Abogados de Ciudad Real.
Quiero trasmitir mi dolor a su familia. Quiero ofrecerles mis respetos, mis condolencias más sinceras, con tanto cariño, con tanto respeto.
Y él, y a Carlos, a Don Carlos, decirle, como dirÃa el genial Hernández, una vez más:
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‘Las aladas almas de las rosas…
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero’









