Un verano apasionante lleno de teatro, música y poesía
Óscar García me preguntaba el otro día en La Ventana de Castilla-La Mancha, en la Cadena Ser, por los veranos de mi infancia. Al principio, debo reconocerlo, me costó trabajo despejar la niebla del tiempo y acercarme a esa Ciudad Real llena de vida, a esa inocencia de las largas tardes pasadas en el Parque Gasset o esa ingenuidad al querer colarnos en el tren de la bruja en nuestra Feria de agosto.
Y rescatando recuerdos, gracias al buen saber de Óscar, comencé a vivir de nuevo ese verano de 1970, con apenas 16 años, terminado ya el bachillerato y lo que entonces se llamaba la reválida. Aquel verano fue el verano del teatro, del paisaje y de León Felipe.
Pero también fue el verano de la aventura, de la amistad y de las sensaciones. Un mes redondo, aquel agosto del 70 en el que diez jóvenes decidimos recorrer los campos de Castilla subidos a una galera, un carro de cuatro ruedas, tirada por mulas.
Desde el Corral de Comedias de Almagro visitamos hasta siete ciudades diferentes: Cuerva, Escalona, Ávila, Segovia, El Escorial y Ciudad Real y el plan, ni más ni menos, era vivir de hacer teatro, de representar el Romancero y la Danza de la Muerte. No era otro el objetivo que vivir la aventura del teatro como verdaderos buhoneros, destrozando los pies en el camino y estableciendo una relación íntima con el paisaje que cruzábamos.
En esos siete destinos representamos dos obras, disfrutamos de las noches en un hotel “de todas las estrellas”, al relente vaya, y de aquellos rostros de niños y de hombres y mujeres de pueblo que a pesar de no haber leído las obras, porque no tenían ocasión para ello, las entendían y aún más, las agradecían con su generosidad.
Ilusos de nosotros pretendíamos vivir de lo ganado, pero nunca pensamos, hasta que fue evidente, que las mulas, animales muy resistentes, también tienen que comer… ¡y de qué manera!
Nuestra compañía se llamaba La Cueva porque en la casa de mis padres, en Ciudad Real, había una cueva donde ensayábamos esas obras que preparaba mi hermano Ramón para este grupo de teatro independiente. La idea de esa maravillosa aventura fue suya. La decisión de leer a León Felipe, de vivir un viaje iniciático para mí, fue sólo mía y desde luego que es una de las grandes experiencias de mi vida que le debo a él y a mis nueve amigos.
Hoy, con más años, con más vida recorrida, me quedo con la misma conclusión: fue un verano apasionante.
Espero que este verano también sea apasionante para vosotros. Os dejo una fotografía, una anécdota.











María Laura
Qué buena historia, presidente. Yo hice, hace muchos años el Camino de Santiago y la verdad es que lleva razón, en la vida hay que hacer determiandos viajes vivir alguna aventura.