En un verso muy hermoso, Borges dice: “el futuro incierto tiene dos rostros: la esperanza y el temor”. Empiezo este post de la misma forma que empecé mi discurso en el Debate del Estado de la Región porque creo que la reflexión merece la pena. Allí, expliqué detalladamente cuáles serán los pormenores de nuestra política futura y no fue casualidad que, durante mi intervención dedicara especial atención a la Investigación, a la Educación, a la Universidad, al esfuerzo que estamos haciendo en inversión en Centros Tecnológicos y con las empresas. Precisamente porque esa es la apuesta hacia delante, la apuesta de futuro.
El futuro es la inteligencia; la esperanza son los jóvenes. Y ellos tienen que liderar este futuro esperanzador.
Óscar García me preguntaba el otro día en La Ventana de Castilla-La Mancha, en la Cadena Ser, por los veranos de mi infancia. Al principio, debo reconocerlo, me costó trabajo despejar la niebla del tiempo y acercarme a esa Ciudad Real llena de vida, a esa inocencia de las largas tardes pasadas en el Parque Gasset o esa ingenuidad al querer colarnos en el tren de la bruja en nuestra Feria de agosto.
Y rescatando recuerdos, gracias al buen saber de Óscar, comencé a vivir de nuevo ese verano de 1970, con apenas 16 años, terminado ya el bachillerato y lo que entonces se llamaba la reválida. Aquel verano fue el verano del teatro, del paisaje y de León Felipe.
Estos días estreno nuevo look. Me refiero al virtual, porque sigo con mi pelo blanco y a veces, un poco desastre porque confieso que soy dado a olvidar ciertos detalles. Hay cosas que nunca cambian.
En este caso, con el cambio de look virtual no he querido olvidar ninguno. En este año que llevo inmerso en el uso de la comunicación a través de la red he descubierto muchas cosas interesantes. Sobre todo, he descubierto muchos intereses, historias personales, problemas, anécdotas que me cuentan mis paisanos a través de la red.